miércoles, 11 de mayo de 2016

Si no se ven, no existen



Mi amiga, trabajadora social, me dice “Cada vez hay más”.

¿Más indigentes?

Más gente que pide.
En la fiesta del ovejero se acercó a la cola de la gente que esperaba que les dieran las porciones de cordero que habían comprado, una chica rubiecita con un cartoncito donde decía que era sordomuda, que solicitaba ayuda.
Ella estaba por ayudarla cuando algún otro en la cola comenzó a decir, “No, re trucha, yo la vi el otro día en la cola del banco y hablaba y todo”.
Sigue contando que otro día afuera del servicio de Salud Mental donde también había bastante gente se acerca una niña de unos 11 años también pidiendo “¿Tiene cinco pesos, tiene cinco pesos?” y lo mismo, estaba por darle, cuando alguien dice “No, esta nena, es muy piola, la vi antes de ayer, después de recolectar por todo el hospital sale y la está esperando el papá en un Gol ahí afuera”.
Y también vio en la panadería que llegó un chico en una bici y pidió si les había sobrado algo y las chicas de la panadería sacaron de abajo del mostrador una bolsa y se la dieron y tenía adentro pan y facturas, y le contaron que sí, que el pibe llega unas tres veces a la semana siempre pidiendo y a ellas les da lástima y le dan.
Y los viejos, los indigentes, los borrachines se refugian dónde pueden. Difícil en este Río Grande que ya en abril tiene temperaturas bajo cero a la noche. Y entonces después se mueren.
Porque chupan mucho y se quedan dormidos y llega la noche con su frío y ellos no se dan cuenta y no se despiertan.
Recordó una canción de Serrat de dos amigos bajo un puente, dos indigentes a la noche, busca en internet y entonces la realidad es la misma en todas partes porque la canción no aparece pero si una crónica que dice “Hasta el momento, 19 personas –14 de ellas en Buenos Aires– que, como Pichín, están condenados a dormir en la calle han perdido la vida en Argentina por el frío. Otras 33 han fallecido por intoxicación con monóxido de carbono, debido a manipulación indebida de sistemas de calefacción.
“Amanecimos y estaba muerto. No pudimos revivirlo. Hace casi un año que vivimos bajo el puente y no tenemos dónde ir. En los refugios estás peor que acá y en los hoteles que nos consigue el gobierno de la ciudad no nos quieren, decía entre lágrimas una madre de 34 años y unos cuantos hijos, que acababa de perder a su bebé de siete meses, congelado en la noche bajo el puente de la autopista 25 de mayo. Sólo cuando la muerte del niño fue noticia, el gobierno local alojó a la mujer y a su familia en un refugio”.

Y esa crónica era del 22 de julio de 2010. Y claro porque debe haber sido en esa época o quizás antes cuando un hombre de 42 años se murió en el Kiosco Fénix en Río Grande, o lo que había sido el gran kiosco Fénix y pasó a ser sólo un refugio-trampa para indigentes, a la mañana los compañeros lo quisieron despertar y nada, estaba muerto. Hipotermia.

O aquellos otros, pobres, que eran viejos también, y se ve que eran pareja y paraban en la garita de la vuelta del hospital, y la cerraron como pudieron con cartones y nylon y maderas y prendieron un fueguito con los pallets y a la mañana siguiente se descubrió que se habían muerto asfixiados.
Y entonces luego iban a dormir a la guardia del Hospital, y claro a los pacientes, a los enfermeros, a los que limpiaban les molestaba el olor –el olor de los indigentes-y llegó un subsecretario y les hizo “meter goma” como él mismo dijo, y cuando una ex funcionaria se quejó le dijo “Ah ¿querés que te los mande a tu casa?”
Y la misma ex funcionaria antes habló con una monja que había sabido ser enfermera pero estaba jubilada y trabajaba con CARITAS y le dijo que se podía llegar a hacer algo autogestionado por los mismos viejos y la monja le dijo que ella ya se iba que lo pensara mejor, “que había que apoyar lo que tenía la municipalidad”. Pero todos sabían que los indigentes no lo querían, no querían dormir ahí, no les gustaba.
Y después de hablar con la monja habló con la ministra de Desarrollo Social, que le dijo “No me traigas problemas, tráeme soluciones”. Y ella contenta le dijo que sí, que se las llevaba. Que el centro autogestionado, que alguna de las casas que tenía gobierno y estaban desocupadas. Que pedirían donaciones a los comerciantes locales para camas, colchones, cubiertas de cuerina para los colchones, que lo único que tenía que haber era calefacción, agua calentita, sábanas y toallas. Y a la noche una olla grande de guiso y a la mañana una grande mate cocido.
Que si el Hospital ayudaba al Hogar de ancianos de enfrente con tres o cuatro comidas diarias y les lavaba la ropa y todo, a ese lugar que tenía ayuda no estatal y que los mismos internados solventaban económicamente, por qué a este lugar no. Que no se necesitaba personal, solamente una persona para la noche, y que se iba a comprometer a los mismos asistentes a que lo tuvieran limpio y ordenado.
No hubo caso esa no era una solución.
“Es que se van muriendo y ya viene el invierno, y en esa garita de la vuelta ya se murieron tres, y no puede ser”, le dijo a la ministro.
A la otra semana la garita estaba demolida.
“Es que cada vez hay más, ahora mismo hay cada vez más, vienen más. Y ya no son viejos, son jóvenes, está lleno”, dice la trabajadora social. Y cuenta también que “sacaron de cuajo la otra garita, una que ni siquiera era de material, sino de caño y policarbonato, como si fuera una garita del Caribe, no de acá, y la sacaron, la desaparecieron”.
A nadie le interesa, ni en Tierra del Fuego, ni en la Capital Federal, el indigente justamente “no garpa”, debe ser que no votan.
Parece la horrible definición pública de Videla sobre los desaparecidos "Es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido...” Eso parece en nuestro país el indigente: un desaparecido.
Si no los vemos: no existen.

jueves, 24 de marzo de 2016

40 años

Yo iba a escribir algo con respecto a esta fecha, la importancia que tiene para mí desde hace justamente esa cantidad de años, pero leí algo que escribió Élida "la Negra" Deheza en su página de facebook, y sin duda alguna está mucho mejor escrito que lo que yo podría haber hecho y aparte para mí siempre fue un ejemplo de cordura, en lo político y en lo sindical, desde que la conozco hace muchos años en Río Grande.
La Negra, estuvo detenida durante la Dictadura y escribió ni más ni menos que lo que sigue a continuación:

30.000 compañeros desaparecidos PRESENTES...
Pasaron cuarenta años y nosotros no somos los mismos, la Argentina tampoco…Nosotros, porque estamos más viejos, entrelazando nuestra experiencia con los más jóvenes, aprendiendo…la Argentina, porque los juicios por la memoria, la verdad y la justicia sentaron las bases éticas desde donde parir la democracia. Ningún crimen ha de quedar impune. Ninguna nación es tal si se sostiene sobre la impunidad.
Cuarenta años del golpe cívico militar y pegadito a la fecha este golpe feroz del liberalismo que nuevamente pone sus garras en nuestro suelo. Cuarenta años del terrorismo de estado, de la imposición de una nueva estructura económica y social que solo fue posible de la mano de la represión ilegal y en la clandestinidad…. y aunque sus ejecutores ya no detenten el poder, los grupos económicos, que se beneficiaron con el golpe cívico militar, los han sobrevivido. Nunca fueron condenados y ahora han puestos a los suyos a rediseñar el país.
Desde el 24 de marzo de 1976 que lo planifican. Tuvieron su avance en los noventa y su retroceso allá por el 2003; y cuando todo hacía pensar que estos 40 años nos encontrarían en el sendero gastado de tanto caminar reclamando más verdad y justicia, tenemos a estos buenos empresarios en el gobierno nacional, al servicio de intereses que nada tienen que ver con el pueblo. Vienen a destruir lo mucho que se ha construido hasta acá, a demoler cada ladrillo de memoria que levantamos. Son tan perversos que hasta llevaron al presidente norteamericano al parque de la memoria...
Cuarenta años no es nada en la vida de una nación pero es demasiado para alcanzar toda la justicia que buscamos. La vida no perdona, es finita.... y a este presente que nos duele, nosotros, los sobrevivientes de la dictadura, le sumamos otro dolor intenso que atraviesa todo el cuerpo y el alma, que alimenta las ausencias por los que no están. Son 30.000 desaparecidos y los que murieron resistiendo.
Duele todo el año, toda la vida.
Los dolores de nuestras ausencias se curan con justicia y la justicia son los juicios en los que buscamos la condena de los genocidas y también, la justicia que viene de la mano del Equipo Argentino de Antropología Forense, cuando identifican los restos de nuestros compañeros/as y nos devuelven su historia.
En ambos casos el estado está involucrado de manera directa: apoyando al Equipo Argentino de Antropología Forense y acompañando activamente para que los juicios por la verdad se concreten, sacándole la “pereza judicial” con la que algunos jueces disimulan que trabajan para el olvido, porque de la tan mentada inamovilidad de los jueces, heredamos también jueces de la dictadura y lamentablemente hoy, estamos frente a un estado que no ha de hacer ningún esfuerzo para que la justicia le llegue a los responsables de las desapariciones, las muertes, las torturas, las violaciones, el robo de bebes…
Pero con la historia no se puede hacer borrón y cuenta nueva.
Se la puede tergiversar, ocultar, manipular, se puede mentir sobre la historia, hasta ese momento en que la luz de la verdad brilla en todo su esplendor y otras, como ahora en que andaremos con la verdad como un fueguito encendido, como enseñaron los nativos acá en la isla.
Cuarenta años para celebrar que somos muchos los que sostenemos la memoria, la verdad y la justicia y aunque parezca que no alcanza, nos sobra convicción para pelearle a los destructores de la vida la certeza de que no podrán hacer borrón y cuenta nueva con la historia, porque vivimos en un país donde el pasado no es pasado. Ese ayer de espanto que fue la dictadura se hace presente en cada juicio, en cada palabra.
Cuarenta años en los que tropezamos muchas veces con los que se lamentan de habernos dejado vivos, cuarenta años de profunda desesperanza con las leyes que imponían el olvido. Cuarenta años en los que también tuvimos el acompañamiento del estado con el gobierno de Néstor Kirchner primero y de Cristina después. Un tiempo en que los derechos humanos fueron política de estado y en el que nosotros celebramos, porque fueron años en los que avanzaron los juicios, aun en los juzgados con “pereza”, porque las madres de la plaza y las abuelas fueron tratadas con el respeto que se merecen, por su lucha y por su dolor; las escuelas, las universidades, el barrio, un lugar para pensar la historia y a los militantes. Un estado presente, no para nosotros/as sino para la memoria colectiva, base necesaria para pensar la democracia.
Nosotros, los que sobrevivimos, tenemos un mandato imperativo de los compañeros/as que no están de que los recordemos en sus luchas. Tengo el inmenso honor de haber sido protagonista de un tiempo de profundo compromiso, una historia que me precede y la que inevitablemente me ha hecho la persona que soy y en estos cuarenta años quiero recordar a los compañeros/as, con los que militamos juntos y a los que no conocí. Cuarenta años para recordar a las compañeras de Villa Devoto; demasiados años en la cárcel, tantos como los afectos que heredé. Nunca pudieron robarnos la alegría y eso que no escatimaron esfuerzos y no pudieron, porque siempre nos pensamos con el otro.
Habrá que amucharse, pensarse con el otro, porque viene un tiempo difícil, hay que cuidarse y cuidar a nuestros pibes…
Hoy como nunca la historia, nuestra historia, debe ser un hilo conductor entre generaciones. Nunca más la dictadura, pero también nunca más la exclusión social, nunca más quedarse sin trabajo, sin esperanza. Nunca más la desmemoria sobre nuestra historia. Claro que no es pasado aunque a algunos les moleste.
Llevamos cuarenta años disputándole la memoria, la verdad y la justicia a los mismos que hoy gobiernan la argentina. Esta democracia que supimos conseguir con la sangre de nuestros compañeros/as abonando la tierra, es el resultado de la lucha de esos intereses. Unos para sepultar la historia, convertirla en recuerdo doloroso y resignada clausura del pasado. Nosotros, empecinados en lograr la justicia y recuperando la memoria para las nuevas generaciones.
Nosotros, los que fuimos la maravillosa Juventud Peronista, somos hijos del luche y vuelve que fueron los 18 años de proscripción del peronismo, del Cordobazo, del rosariazo y nuestros jóvenes de hoy, son hijos de nuestra historia, de la resistencia de las madres, las abuelas, de nuestros familiares, de los organismos de derechos humanos y las organizaciones sociales que se comprometieron en la lucha contra el olvido.
Esa lucha, que muchas veces fue desigual, supo constituir agenda en la sociedad. Constituyo la agenda social para derogar las leyes de impunidad y los indultos, abrir los juicios, recuperar nietos/as.
La memoria no es neutral.
Cuando la memoria se hace palabra nos paramos enfrente de los que promulgan la exclusión y legitiman la violencia contra el pueblo. Justo enfrente de los manipuladores de la historia, de los que pretenden narrar la dictadura cívico militar “desde la violencia institucional y política” (textual Macri). No es casual, esa frase deja afuera el terrorismo de estado y en consecuencia, la complicidad civil en la dictadura, estamos enfrente de los que buscan que nuestros desaparecidos no tengan historia. Estamos enfrente de los que llegaron para frenar los juicios…
Nosotros nos paramos en esta calle ancha, donde el viento hace ondear las banderas con los nombres de nuestros compañeros/as, esta calle plena de luchas, de resistencia, de dolores, de primaveras, de certezas, de grasa militante....donde la memoria está impregnada de política, de haceres colectivos, de ideas, de pueblo que reclama sus derechos, de colectivos populares. Esta calle que alberga contradicciones y autocriticas, debates y realizaciones, que habla del país que queremos , de nuestros sueños; y camina al encuentro de los sueños que soñaron antes para encontrar ese hilo conductor que nace de la lucha histórica del pueblo....porque la memoria lleva implícito el compromiso.
En esta calle ancha nos negamos al olvido.
A 40 años de la dictadura cívico militar, me permito la añoranza, recordar a mis compañeros y compañeras desaparecidos, a nuestros muertos, extrañarlos, recordarlos y recordarme en los días gloriosos, en la risa, en el trabajo en el barrio, en las guitarreadas, en los amores....Me refugio en el abrazo a la distancia con mis compañeros/as de entonces, con las que estuvimos presas en Devoto, con mis compañeros/as de militancia de este presente, con amigos/as queridos, en mi familia, en los H.I.J.O.S, en Lucia.... Levanto nuestras banderas orgullosamente, con los nombres de todos, con sus historias de vida.
No les regalo ni un poquito de mis convicciones.
Ni la alegría.
No hay olvido ni perdón para los ejecutores de la vida en el pasado dolorido de la argentina ni para los que pisotean el presente.
No vamos a bajar los brazos.
No vamos a ocupar las sillas para sentarnos a descansar. Hasta que el último genocida reciba su condena. Hasta que haya justicia por Julio López, por Silvia Suppo, hasta que encontremos los nietos que nos faltan, hasta que encontremos a todos nuestros desaparecidos y crezcan las flores en sus tumbas…
Más tarde o más temprano, el pueblo reclamará lo que le es propio, porque como bien cantan los pibes, a pesar de la bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido…..

sábado, 6 de febrero de 2016

La siembra del odio

Robado de la biografía de facebook de mi amigo Pablo Mattesz:

La siembra del odio
"POR QUE SON NEGROS..."
Me gusta el subte porque es como el cumpleaños de quince de una prima lejana al que todos se ven obligados a ir aunque nadie tenga ganas. En él converge la mezcla más exótica de seres humanos, una suerte de feria llena de colores y ruido y voces estridentes y alguna que otra imagen triste.
Los pibes se metieron al vagón a los gritos. Eran tres y ninguno tenía más de ocho años. Eran flaquitos y chabacanos, maleducados sin maldad, medio pillos pero compañeros. Uno solo tenía zapatillas, el más chiquito. Y cuando digo chiquito no hablo de la cantidad de años sino de la cantidad de costillas que le conté sobre la piel desnuda. El más chiquito tenía las zapatillas y también tenía las tarjetitas. Las fue repartiendo mientras hablaba a los gritos y el otro le respondía a los gritos y un tercero le gritaba a la gente que les tiraran una moneda, que Dios los bendiga. Una señora se tapó los oídos. .
Recién cuando pasaron en retirada escuché hablar al pibe que tenía sentado enfrente. Él también habrá tenido unos ocho años.
-Mamá, ¿por qué gritan los nenes?-, preguntó, sin sacarles los ojos de encima. Eran ojos de asombro. ¡Qué libres eran los nenes que podían jugar en el subte!, habrá pensado.
-Porque son negros-, dijo la madre y sentí como si de repente me hubieran apretado el pecho. Pensé que había escuchado mal y presté atención. No sé por qué tuve miedo.
-Porque son negros. Y cuando sean grandes, van a ser ladrones. Vos tenés que tener mucho cuidado con esos chicos, ¿sabés?
La cara del nene cambió como cambia la luz de la tarde cuando es verano y son las ocho menos diez y hay sol y de repente son las ocho y todo se ha puesto oscuro. Sus ojos se apagaron y los ratoncitos de curiosidad que espiaban desde las pupilas se atacaron entre ellos. Sus cejas se torcieron hacia adelante y sus labios se convirtieron en una línea recta y severa. Creo que hasta se le cayó un poco de magia de los bolsillos.
-¿Sabés?
-Sí, mamá.
No entiendo muy bien lo que me ocurrió a mí. Se me aceleró el corazón y mi garganta se puso rígida y quería salir del tren aunque estuviera en movimiento. Quise ser yo el que gritara ahora, pero me pareció más virtuoso el silencio de quien sabe que nunca se humilla a alguien delante de sus hijos.
Tenías la oportunidad de sembrar una semilla de amor y preferiste perpetuar el odio. Elegiste enseñar a tener miedo. Podría haberte perdonado la falsa misericordia de quien observa y murmura 'pobrecitos' pero masticaste tanta bronca que ya no sabés hacer ni eso. Ay, nene, ojalá alguien te explique que tu vieja ese día estaba enojada y que los pibes de la calle no se juntan para jugar, sino porque tienen miedo. Los pibes de la calle no gritan porque son negros, gritan porque son invisibles.
Juan Solá ("La Gente anda diciendo")



domingo, 10 de enero de 2016

POR QUÉ SOY KIRCHNERISTA

No es la primera vez que recurro a mi amigo Alejandro "Sandro" Balanza, o que él acude sin saberlo a mi auxilio.
Esto, Sandro lo escribía a una amiga suya antes de la segunda vuelta electoral acá en Argentina. Y bueno, aunque todo eso ya pasó y quien ganó no fue el candidato Daniel Scioli que representaba al modelo nacional y popular, sino el que estaba, está y seguirá estando en sus antípodas, o sea a la derecha del modelo, alguien que pregonó durante su campaña querer llegar a la "pobreza cero", luchar contra el narcotráfico y contra la "inseguridad", el candidato no sólo de la derecha, sino el representante de los medios de comunicación hegemónicos -que estuvieron en contra del Kirchnerismo desde el primer día de su gobierno hasta el último- el representante de las multi y transnacionales, y del capitalismo mundial, digo aunque haya ganado ese otro candidato, como yo coincido total y absolutamente con lo que plantea Sandro, lo transcribo hoy y aquí.

Recapitulando: no voté a Nestor K pues no me parecía que fuera a hacer nada de lo que yo hubiera deseado pero asumió y de entrada me sorprendió con su política sobre derechos humanos haciendo lo que nadie en democracia se había animado a hacer, juzgar y mandar en cana a los milicos asesinos, luego con Lavagna se mandaron la negociación de la deuda externa que fue clave para una recuperación económica del país impensada para mi y para todos.
Simultáneamente la política internacional me gratificó profundamente y debo decir que en ese punto yo no había entendido el valor de buscar la integración política y económica con los demás países sudamericanos, empecé a estudiar y comprender el enorme valor de esa integración en la diversidad, eso paradojalmente me ayudó a conocer a mi país que hasta ese entonces concebía como una pampa húmeda con anexos y aprendí a apreciar las otras culturas que hay en la Argentina y en Latinoamérica, así viajamos conociendo con otra mirada, con humildad y a veces hasta admiración por lo que lograban pueblos como el de Bolivia o Ecuador por ejemplo, nos sentimos con Adriana y con nuestros hijos consustanciados con esa mirada de sudamericanos tratando de concebir un mundo un poco más justo, más policromo, más amoroso para sus habitantes en un mundo donde el egoísmo y la arrogancia de EE UU y el abandono de ideales de una Europa que ahora estamos viendo nos hacía que no había un lugar para los débiles.
Volviendo a los K, aprecié las decisiones valientes del gobierno de Cristina de recuperar Aerolíneas, las AFJP, YPF y todo eso, apoyo totalmente la idea refrescante de usar como motor el mercado interno para llegar a índices de ocupación impensados en un país donde nos habían dicho que no había lugar para todos y que muchos la tenían que ver desde afuera.
Para colmo, cuando este camino se fue haciendo más evidente se manifestaron tremendos poderes como el de la prensa que tengo claro que es una poderosa herramienta de los grandes poderes económicos en todo el mundo la cual está intentando  y muchas veces logrando doblegar la voluntad de las mayorías que al fin y al cabo nos habían dicho que eso era la democracia.
Además por deformación profesional* quizás con Adriana* hemos tenido la oportunidad de apreciar los enormes logros en materia sanitaria cosa fácil de medir con cifras como la de mortalidad infantil y desnutrición, he visto la cobertura del PAMI a lo largo de 30 años y nunca, ni en la mejor época de la plata dulce tuvieron tanta cobertura médica y socio sanitaria los jubilados, ni te cuento lo que Adriana ha vivido en la Universidad o el Aldo en Ciencia y Tecnología, hemos visto el desarrollo de provincias eternamente relegadas como Chaco o Santiago del Estero a través de nuestro primos y amigos que viven y trabajan allí por mencionarte sólo algunas cosas.
Por último y no menos importante hemos visto la reaparición de la política como una forma de concebir el futuro, con nuestros amigos como Luis Peralta, Ale Loza, Guille Rodoni, Pato Ferrari, Adolfo, Nelson y sus familias con quienes hemos compartido plazas con miles y miles de personas en total armonía coreando y cantando nuestras ilusiones nos juntamos a pensar en un mundo mejor más inclusivo, con más lugar para todos, entre ellos nuestros hijos que cada uno a su manera comparten estos ideales.
Al final me salió más largo de lo esperado, siento que sólo puedo transmitirte un magro esqueleto de todo lo que pensamos, sé que se hicieron cosas mal, menos de las que dicen Clarín o La Nación seguro, que falta mucho y todo eso pero pienso que este es el camino, un beso.
Sandro
 
* Sandro es médico cardiólogo y Adriana trabajadora social y últimamente trabajó mucho con PAMI y los jubilados de Villa María

miércoles, 14 de octubre de 2015

Apuñalaron a una activista y militante

Hablan de femicidio, de travesticidio.
Diana Sacayán fue encontrada apuñalada en su casa.
Sólo que Diana era mucho más que una trava -como ella se decía a sí misma- mucho más que una militante trans, era una activista que había luchado mucho y seguía haciéndolo por los derechos de l*s trans,
con el arterisco que ella también usaba.
Fue la primera a quien la Presidenta dió el documento nacional con su nombre, logró que se convierta en ley que el 1 % de los empleos públicos sean para personas trans.
No puedo menos que evovcar a Laura Aguilar, una trans de acá de Río Grande, a quien yo conocía desde que ella iba a su escuela secundaria. Se había llamado Cristian antes de ser Laura.
Cuando pedía turno para alguna especialidad en el Hospital, muchos de los médicos se burlaban y la llamaban por su nombre masculino, o decían "señor".
También la mataron, acá en Río Grande, también había recibido su nuevo documento con el nombre que había elegido. También era una representante de sus congéneres.
Creo que incluso es más que travesticidio, no me animo a exgerar, no era una mandataria de ningún Estado Diana Sacayán, pero es grave, gravísimo, como haber matado a Luther King o a Malcom X o a Gandhi -salvando las distancias- haber matado a una activista por los derechos de las trans es como decirle a toda*s l*s otr*s: Ojo, si queremos podemos hacerlas desaparecer.
Es como una gravísima amenaza a golpes de puñal, sobre una de ell*as.

Transcribo lo que había escrito Diana en su blog el año pasado, tal y como lo escribió. Y vaya para ella mi homenaje.

domingo, 11 de mayo de 2014

Cuando yo me vaya

Cuando yo me vaya no quiero gente de luto. Quiero muchos colores,  bebidas y  abundante comida; Esa que de niñ* me hacia  falta.
Cuando yo me vaya no aceptare críticas;  mas razonable y serio seria que me las hagan en vida
Cuando yo me vaya desearía una montaña de flores… Esa que l*s mil amores por los que he sufrido nunca supieron regalármelas
Cuando yo me vaya no quiero farsantes en mi despedida; quiero a mis travas queridas, a mi barrio lumpen a mis herman*s de la calle, de la vida  y de la lucha..
Cuando yo me vaya se que en algunas cuantas conciencias abre dejado la humilde enseñanza de la resistencia trava, sudaca, originaria.
Cuando yo me vaya quiero una despedida sin cruces ; tod*s saben sobre mi atea militancia
Y sin machos fachos porque también; saben  sobre mi pertenencia  feminista.
Cuando yo me vaya; espero haber echo un pequeño aporte a la lucha por un mundo sin desigualdad de genero, ni de clase

Cuando yo esta humilde trava se vaya; No me abre muerto …simplemente  me iré a besarles los pies a la pacha Mama

viernes, 21 de agosto de 2015

Construcción del miedo por Hernán López Echagüe

Escribió esto en el 2004, y lejos de ir desapareciendo con el tiempo, los medios de comunicación en nuestro país y en otros de la región siguen construyéndolo, él lo explica -a mi juicio- maravillosamente.

No piense. No experimente sensaciones. No pregunte. No responda. No discuta. No caiga en la tontería de la incertidumbre. No beba. No fume. No juegue. No haga el amor. No crea en su hijo. Tampoco en su hermano. No escuche. No opine. No vote pavadas. No pida, y, desde luego, menos aún exija. No atienda el teléfono. No llame. No desee. No mire. No interprete. No cometa el desliz imperdonable de apasionarse por una idea. No exprese solidaridad. No crea en su amigo. Tampoco en sus padres. No abrace. No distinga. No analice. No juzgue. No duerma tranquilo. No confíe. Si oye ruidos raros en su casa, salte de la cama, tome la escopeta y dispare en defensa propia. No abra la puerta. No extienda la mano. No ayude. No colabore. No bese. No cante. No sonría. Busque otra vereda cuando en la suya, a lo lejos, advierta un grupo de gente extraña, oscura. No goce ni padezca la vida. Cierre la boca y obedezca, simplemente obedezca, y escuche la radio y lea los periódicos y, por sobre todas las cosas, no se aparte siquiera un instante de la pantalla del televisor. En momento alguno incurra en la irresponsabilidad de asomar la cabeza por la ventana de su casa. Y escriba de prisa su testamento. ¿O es que todavía no ha caído en la cuenta de que nuestro cristiano y occidental modo de vida está en peligro? Cualquier paso torcido puede conducirnos a una tragedia impensada. El mundo se ha convertido en un inabarcable terreno destinado a la caza, mayor y menor, y nosotros, personas comunes y ordinarias, sumergidos en una ingenuidad sin límite, somos la presa codiciada. Las rutas, calles y avenidas del mundo están repletas de cazadores furtivos. De todo tipo y humor. Patotas de jóvenes drogados y locos dispuestos a arrancarnos todo: ropa, dinero, inocencia. Arabes rabiosos que sin contemplación alguna nos decapitarán. Hordas de trabajadores desocupados y familias sin techo que no hacen otra cosa que aguardar nuestro sueño para invadir nuestra casa y llevárselo todo. Campesinos arropados de cordero que no tienen otro propósito que hacerse de nuestras tierras. Niños que, navaja en mano, aleccionados por sus padres, claro, nos esperan a la vuelta para abrirnos el vientre. En otras palabras, gente sucia, malvada y pecaminosa que no piensa más que en cagarnos la vida. De modo tal que todo está bien así como está. Quietud, silencio, encierro, aislamiento, desdén. La existencia, condenada a mascullar palabras anodinas entre cuatro paredes. Alguien, alguna vez, llamó sometimiento a esta situación. Someterse. Acomodarse a una realidad fraguada que anula nuestros deseos e incluso ignora nuestras necesidades básicas, pero que por razones muy complejas, acaso culturales y atávicas, aceptamos como orden natural, preestablecido e inviolable. Someter: subordinar la voluntad o el juicio propios a los de otra persona o grupo. Inculcar y propagar el temor en una sociedad, es acaso el modo más sutil y certero para mantener un estado de sometimiento que, en más de una ocasión, se asemeja a la esclavitud. Porque uno, de pronto, apenas piensa en escapar solo y a las corridas entre el maizal. Y no hay mejor bocado para el poder político y económico que la soledad, el individualismo, ponerse a responder solo y a las patadas. El temor, cuando está fundado en un recelo generalizado, crea solidaridades efímeras y echa por tierra la solidaridad franca y duradera. Todo es desconfianza. Bush apeló a la propagación del miedo entre los norteamericanos —tan proclives a caer en el pánico, dicho sea de paso— para entregarse alegremente a la matanza de miles de iraquíes con el único y excluyente propósito de robar petróleo. Pero, ¿cómo logró el poder político de los Estados Unidos llevar a ojos y oídos de la población esa paralizadora sensación de terror? Los grandes medios de comunicación actuaron de puente. Los grandes medios de comunicación siempre actúan de puente entre el poder y la sociedad, cuando no de voceros. Y la conducen según sus antojos. La razón es sencilla. Son empresas, enormes en muchos casos, que responden a una serie de intereses ideológicos y comerciales que habitualmente poco tienen que ver con la búsqueda de una sociedad mejor. Existe una clara afinidad, en oportunidades familiar y generalmente ideológica, entre la clase social que dispone de los medios de producción material y la que dispone de los medios de producción intelectual. Una sociedad de hecho. Dos jóvenes roban tres chorizos en una carnicería; a una señora le arrancan la cartera; violan a una joven. Los diarios titulan: “Escalada de violencia”. Y en cada esquina comienzan a hablar de la escalada de violencia. “Así no se puede vivir”. “Queremos orden”. “Para eso pagamos nuestros impuestos”. “Los meten presos por una puerta y los sacan por otra”. Entonces, los grandes medios de comunicación resuelven auscultar el ánimo de la gente. Una encuesta de tono inductivo: “¿Tiene miedo?”. Por supuesto que lo tengo, si he visto al carnicero putear y a la señora y a la madre de la joven llorar. Los medios difunden el resultado: “El 78 por ciento de la población tiene miedo”. Los desocupados marchan por las calles exigiendo pan y trabajo. Los diarios titulan: “El centro de la ciudad fue un caos”, y en la nota editorial se preguntan: “¿Hasta cuando?”. La gente, entonces, absorbe y dice por todas partes: “Queremos orden”. “La libertad de uno termina donde comienza la del otro”. “Es inconcebible”. Los medios hacen la encuesta: “¿Qué opina de las manifestaciones que entorpecen el tránsito?”. El 75 por ciento las rechaza. A la mañana siguiente, los medios informan: “La gente está harta de esta situación, lo dicen las encuestas”. Así las cosas, el miedo que los propios medios de comunicación crearon y propagaron, cobra un irrefutable aire de legitimidad. Porque “es la gente” la que está harta. Una realidad engañosa que cumple su cometido: sumergir a la sociedad en la quietud, en la ausencia de participación, en la desconfianza. La noticia se ha convertido en mercancía, y el miedo es una etiqueta que vende. Fascinados por la forma, por el amarillismo, los grandes medios han hecho a un lado el fondo de la cuestión. Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, escribió años atrás: “Basta con que un hecho sea lanzado desde la televisión –a partir de una noticia o imagen de agencia- y repetido por la prensa escrita y la radio, para que el mismo sea acreditado como verdadero sin mayores exigencias. Y como en la actualidad los medios funcionan entrelazados, de forma que se repiten e imitan entre ellos, es frecuente la confirmación por parte de un medio de la noticia que éste mismo lanzó a partir de la reproducción de la misma en otro medio, que simplemente la `levantó´ del primero (...) Los medios se autoestimulan de esta forma, se sobreexcitan unos a otros, multiplican la emulación y se dejan arrastrar en una especie de espiral vertiginosa, enervante, desde la sobreinformación hasta la náusea. De esta forma, podemos recordar, se construyeron las mentiras de la Guerra del Golfo. ¿Qué medios tiene el ciudadano para averiguar si se falsea la realidad?”. Esta semana, en una vieja edición de la revista dominical del diario El País, de Madrid, leí un excelente artículo de Javier Cercas titulado “Fuera es feo”. Refiere Cercas el curioso mandamiento que gobierna al matrimonio conformado por el director de cine Arturo Ripstein y la guionista Paz Alicia Garciadiego: en su hogar no admiten la presencia de la televisión, tampoco radio, y mucho menos espacio para diarios o revistas. Una manera práctica de protegerse de las toneladas de basura y calamidades que, en apenas minutos, es capaz de arrojar sobre nuestra cabeza un programa de tv en apariencia inofensivo o un editorial de La Nación, por ejemplo. Me atrevo a discrepar con el matrimonio Ripstein-Garciadiego. Fuera es más lindo, y tampoco es necesario hacer gala de una inquebrantable valentía para salir, caminar, saludar, abrazar, mirar, escuchar, socializar, solidarizarse, beber, amar, decir, creer, compartir y, por sobre todas las cosas, cambiar: reunirse con el desfachatado objetivo de cambiar este lastimoso estado de las cosas donde priman el miedo y la indiferencia. Suficiente sería comprender la sensata máxima del subcomandante Marcos: “Un valiente es un cobarde que corre hacia adelante”.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Túnel del tiempo

Diciembre 2014. Llegan mis hermanas, se va Panda a Ushuaia, y me toca ocupar la misma habitación que fuera mía desde mis quince años hasta que mi hijo mayor Juan, tuviera casi uno.
Todos esos años excepto el 76  que prácticamente no estuve.
Acá estudiaba para los exámenes del secundario "los cuatrimestrales".
Escuchaba radio durante todo el día en que no estaba en el colegio, y a veces toda la noche.
Las radios eran a "lámparas" y una noche que me olvidé una de las que tuve prendida, se derritió parte del plástico de la carcaza, peligroso.
Estudié para el ingreso a Medicina, y en el mismo lugar casi toda la carrera.
Tenía una hermosa mesa-escritorio, que quedaba guardada dentro de un placar -en la casa anterior había sido de mis hermanas menores- yo escribía con lápiz y luego borraba, en la madera de la mesa.
Adentro del mueble había estantes y allí guardaba lápices, cuadernos libros, hojas de carpeta.
Tenía una muy pequeña biblioteca de dos o tres estantes que creo que es la que subsiste en la pared, amurada con esas ménsulas de hierrro que mi padre solía usar para los estantes donde fuera.
Recuerdo un pequeño cartelito que tenía en la puerta y que desde el lado de afuera se leía "No molestar: genio trabajando". Me encantaba, creo que verdaderamente me sentía un genio aunque mi humildad o bien mi poca autoestima me impidiera reconocerlo abiertamente.

En este cuarto concebí a mi primer hijo, fueron hermosos momentos, al menos para mí, creo que para el padre de mi hijo también, estoy casi segura que sí.
Más tarde la vida y nosotros mismos, fuimos lo fuimos complicando un poco y los "juveniles desatinos" quedaron ensombrecidos por el laburo y la profesión.

Aún recuerdo la emoción cuando al mudarnos a esta casa, y sabiendo previamente que mi cuarto era este, subí por primera vez. anteriormente había compartido cuarto con mis dos hermanas menores, y siendo más grande el living de nuestro departamento, sola sí, pero en un living, cero privacidad. Estar en mi cuarto propio era maravilloso!
No era tan lindo como pensaba, el piso estaba re feo, pusieron un lavarropas en el cuarto de al lado, pero bueno, era mi propio cuarto, podía cerrar la puerta!

46 años más tarde, dormiré con Milos -el gato de mi hija- en una noche de verano, con la puerta abierta y sin radio.
Caramba!