Escribió esto en el 2004, y lejos de ir desapareciendo con el tiempo, los medios de comunicación en nuestro país y en otros de la región siguen construyéndolo, él lo explica -a mi juicio- maravillosamente.
No piense. No experimente sensaciones. No pregunte. No responda. No
discuta. No caiga en la tontería de la incertidumbre. No beba. No fume.
No juegue. No haga el amor. No crea en su hijo. Tampoco en su hermano.
No escuche. No opine. No vote pavadas. No pida, y, desde luego, menos
aún exija. No atienda el teléfono. No llame. No desee. No mire. No
interprete. No cometa el desliz imperdonable de apasionarse por una
idea. No exprese solidaridad. No crea en su amigo. Tampoco en sus
padres. No abrace. No distinga. No analice. No juzgue. No duerma
tranquilo. No confíe. Si oye ruidos raros en su casa, salte de la cama,
tome la escopeta y dispare en defensa propia. No abra la puerta. No
extienda la mano. No ayude. No colabore. No bese. No cante. No sonría.
Busque otra vereda cuando en la suya, a lo lejos, advierta un grupo de
gente extraña, oscura. No goce ni padezca la vida.
Cierre la boca y obedezca, simplemente obedezca, y escuche la radio y
lea los periódicos y, por sobre todas las cosas, no se aparte siquiera
un instante de la pantalla del televisor.
En momento alguno incurra en la irresponsabilidad de asomar la cabeza
por la ventana de su casa. Y escriba de prisa su testamento.
¿O es que todavía no ha caído en la cuenta de que nuestro cristiano y
occidental modo de vida está en peligro? Cualquier paso torcido puede
conducirnos a una tragedia impensada. El mundo se ha convertido en un
inabarcable terreno destinado a la caza, mayor y menor, y nosotros,
personas comunes y ordinarias, sumergidos en una ingenuidad sin límite,
somos la presa codiciada. Las rutas, calles y avenidas del mundo están
repletas de cazadores furtivos. De todo tipo y humor. Patotas de jóvenes
drogados y locos dispuestos a arrancarnos todo: ropa, dinero,
inocencia. Arabes rabiosos que sin contemplación alguna nos decapitarán.
Hordas de trabajadores desocupados y familias sin techo que no hacen
otra cosa que aguardar nuestro sueño para invadir nuestra casa y
llevárselo todo. Campesinos arropados de cordero que no tienen otro
propósito que hacerse de nuestras tierras. Niños que, navaja en mano,
aleccionados por sus padres, claro, nos esperan a la vuelta para
abrirnos el vientre.
En otras palabras, gente sucia, malvada y pecaminosa que no piensa más
que en cagarnos la vida.
De modo tal que todo está bien así como está. Quietud, silencio,
encierro, aislamiento, desdén. La existencia, condenada a mascullar
palabras anodinas entre cuatro paredes.
Alguien, alguna vez, llamó sometimiento a esta situación. Someterse.
Acomodarse a una realidad fraguada que anula nuestros deseos e incluso
ignora nuestras necesidades básicas, pero que por razones muy complejas,
acaso culturales y atávicas, aceptamos como orden natural,
preestablecido e inviolable. Someter: subordinar la voluntad o el juicio
propios a los de otra persona o grupo.
Inculcar y propagar el temor en una sociedad, es acaso el modo más sutil
y certero para mantener un estado de sometimiento que, en más de una
ocasión, se asemeja a la esclavitud. Porque uno, de pronto, apenas
piensa en escapar solo y a las corridas entre el maizal. Y no hay mejor
bocado para el poder político y económico que la soledad, el
individualismo, ponerse a responder solo y a las patadas. El temor,
cuando está fundado en un recelo generalizado, crea solidaridades
efímeras y echa por tierra la solidaridad franca y duradera. Todo es
desconfianza.
Bush apeló a la propagación del miedo entre los norteamericanos —tan
proclives a caer en el pánico, dicho sea de paso— para entregarse
alegremente a la matanza de miles de iraquíes con el único y excluyente
propósito de robar petróleo. Pero, ¿cómo logró el poder político de los
Estados Unidos llevar a ojos y oídos de la población esa paralizadora
sensación de terror? Los grandes medios de comunicación actuaron de
puente.
Los grandes medios de comunicación siempre actúan de puente entre el
poder y la sociedad, cuando no de voceros. Y la conducen según sus
antojos. La razón es sencilla. Son empresas, enormes en muchos casos,
que responden a una serie de intereses ideológicos y comerciales que
habitualmente poco tienen que ver con la búsqueda de una sociedad mejor.
Existe una clara afinidad, en oportunidades familiar y generalmente
ideológica, entre la clase social que dispone de los medios de
producción material y la que dispone de los medios de producción
intelectual. Una sociedad de hecho.
Dos jóvenes roban tres chorizos en una carnicería; a una señora le
arrancan la cartera; violan a una joven. Los diarios titulan: “Escalada
de violencia”. Y en cada esquina comienzan a hablar de la escalada de
violencia. “Así no se puede vivir”. “Queremos orden”. “Para eso pagamos
nuestros impuestos”. “Los meten presos por una puerta y los sacan por
otra”. Entonces, los grandes medios de comunicación resuelven auscultar
el ánimo de la gente. Una encuesta de tono inductivo: “¿Tiene miedo?”.
Por supuesto que lo tengo, si he visto al carnicero putear y a la señora
y a la madre de la joven llorar. Los medios difunden el resultado: “El
78 por ciento de la población tiene miedo”.
Los desocupados marchan por las calles exigiendo pan y trabajo. Los
diarios titulan: “El centro de la ciudad fue un caos”, y en la nota
editorial se preguntan: “¿Hasta cuando?”. La gente, entonces, absorbe y
dice por todas partes: “Queremos orden”. “La libertad de uno termina
donde comienza la del otro”. “Es inconcebible”. Los medios hacen la
encuesta: “¿Qué opina de las manifestaciones que entorpecen el
tránsito?”. El 75 por ciento las rechaza. A la mañana siguiente, los
medios informan: “La gente está harta de esta situación, lo dicen las
encuestas”.
Así las cosas, el miedo que los propios medios de comunicación crearon y
propagaron, cobra un irrefutable aire de legitimidad. Porque “es la
gente” la que está harta. Una realidad engañosa que cumple su cometido:
sumergir a la sociedad en la quietud, en la ausencia de participación,
en la desconfianza.
La noticia se ha convertido en mercancía, y el miedo es una etiqueta que
vende. Fascinados por la forma, por el amarillismo, los grandes medios
han hecho a un lado el fondo de la cuestión.
Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, escribió años atrás:
“Basta con que un hecho sea lanzado desde la televisión –a partir de
una noticia o imagen de agencia- y repetido por la prensa escrita y la
radio, para que el mismo sea acreditado como verdadero sin mayores
exigencias. Y como en la actualidad los medios funcionan entrelazados,
de forma que se repiten e imitan entre ellos, es frecuente la
confirmación por parte de un medio de la noticia que éste mismo lanzó a
partir de la reproducción de la misma en otro medio, que simplemente la
`levantó´ del primero (...) Los medios se autoestimulan de esta forma,
se sobreexcitan unos a otros, multiplican la emulación y se dejan
arrastrar en una especie de espiral vertiginosa, enervante, desde la
sobreinformación hasta la náusea. De esta forma, podemos recordar, se
construyeron las mentiras de la Guerra del Golfo. ¿Qué medios tiene el
ciudadano para averiguar si se falsea la realidad?”.
Esta semana, en una vieja edición de la revista dominical del diario El
País, de Madrid, leí un excelente artículo de Javier Cercas titulado
“Fuera es feo”. Refiere Cercas el curioso mandamiento que gobierna al
matrimonio conformado por el director de cine Arturo Ripstein y la
guionista Paz Alicia Garciadiego: en su hogar no admiten la presencia de
la televisión, tampoco radio, y mucho menos espacio para diarios o
revistas. Una manera práctica de protegerse de las toneladas de basura y
calamidades que, en apenas minutos, es capaz de arrojar sobre nuestra
cabeza un programa de tv en apariencia inofensivo o un editorial de La
Nación, por ejemplo.
Me atrevo a discrepar con el matrimonio Ripstein-Garciadiego. Fuera es
más lindo, y tampoco es necesario hacer gala de una inquebrantable
valentía para salir, caminar, saludar, abrazar, mirar, escuchar,
socializar, solidarizarse, beber, amar, decir, creer, compartir y, por
sobre todas las cosas, cambiar: reunirse con el desfachatado objetivo de
cambiar este lastimoso estado de las cosas donde priman el miedo y la
indiferencia. Suficiente sería comprender la sensata máxima del
subcomandante Marcos: “Un valiente es un cobarde que corre hacia
adelante”.
viernes, 21 de agosto de 2015
lunes, 22 de diciembre de 2014
Túnel del tiempo
Diciembre 2014. Llegan mis hermanas, se va Panda a Ushuaia, y me toca ocupar la misma habitación que fuera mía desde mis quince años hasta que mi hijo mayor Juan, tuviera casi uno.
Todos esos años excepto el 76 que prácticamente no estuve.
Acá estudiaba para los exámenes del secundario "los cuatrimestrales".
Escuchaba radio durante todo el día en que no estaba en el colegio, y a veces toda la noche.
Las radios eran a "lámparas" y una noche que me olvidé una de las que tuve prendida, se derritió parte del plástico de la carcaza, peligroso.
Estudié para el ingreso a Medicina, y en el mismo lugar casi toda la carrera.
Tenía una hermosa mesa-escritorio, que quedaba guardada dentro de un placar -en la casa anterior había sido de mis hermanas menores- yo escribía con lápiz y luego borraba, en la madera de la mesa.
Adentro del mueble había estantes y allí guardaba lápices, cuadernos libros, hojas de carpeta.
Tenía una muy pequeña biblioteca de dos o tres estantes que creo que es la que subsiste en la pared, amurada con esas ménsulas de hierrro que mi padre solía usar para los estantes donde fuera.
Recuerdo un pequeño cartelito que tenía en la puerta y que desde el lado de afuera se leía "No molestar: genio trabajando". Me encantaba, creo que verdaderamente me sentía un genio aunque mi humildad o bien mi poca autoestima me impidiera reconocerlo abiertamente.
En este cuarto concebí a mi primer hijo, fueron hermosos momentos, al menos para mí, creo que para el padre de mi hijo también, estoy casi segura que sí.
Más tarde la vida y nosotros mismos, fuimos lo fuimos complicando un poco y los "juveniles desatinos" quedaron ensombrecidos por el laburo y la profesión.
Aún recuerdo la emoción cuando al mudarnos a esta casa, y sabiendo previamente que mi cuarto era este, subí por primera vez. anteriormente había compartido cuarto con mis dos hermanas menores, y siendo más grande el living de nuestro departamento, sola sí, pero en un living, cero privacidad. Estar en mi cuarto propio era maravilloso!
No era tan lindo como pensaba, el piso estaba re feo, pusieron un lavarropas en el cuarto de al lado, pero bueno, era mi propio cuarto, podía cerrar la puerta!
46 años más tarde, dormiré con Milos -el gato de mi hija- en una noche de verano, con la puerta abierta y sin radio.
Caramba!
Todos esos años excepto el 76 que prácticamente no estuve.
Acá estudiaba para los exámenes del secundario "los cuatrimestrales".
Escuchaba radio durante todo el día en que no estaba en el colegio, y a veces toda la noche.
Las radios eran a "lámparas" y una noche que me olvidé una de las que tuve prendida, se derritió parte del plástico de la carcaza, peligroso.
Estudié para el ingreso a Medicina, y en el mismo lugar casi toda la carrera.
Tenía una hermosa mesa-escritorio, que quedaba guardada dentro de un placar -en la casa anterior había sido de mis hermanas menores- yo escribía con lápiz y luego borraba, en la madera de la mesa.
Adentro del mueble había estantes y allí guardaba lápices, cuadernos libros, hojas de carpeta.
Tenía una muy pequeña biblioteca de dos o tres estantes que creo que es la que subsiste en la pared, amurada con esas ménsulas de hierrro que mi padre solía usar para los estantes donde fuera.
Recuerdo un pequeño cartelito que tenía en la puerta y que desde el lado de afuera se leía "No molestar: genio trabajando". Me encantaba, creo que verdaderamente me sentía un genio aunque mi humildad o bien mi poca autoestima me impidiera reconocerlo abiertamente.
En este cuarto concebí a mi primer hijo, fueron hermosos momentos, al menos para mí, creo que para el padre de mi hijo también, estoy casi segura que sí.
Más tarde la vida y nosotros mismos, fuimos lo fuimos complicando un poco y los "juveniles desatinos" quedaron ensombrecidos por el laburo y la profesión.
Aún recuerdo la emoción cuando al mudarnos a esta casa, y sabiendo previamente que mi cuarto era este, subí por primera vez. anteriormente había compartido cuarto con mis dos hermanas menores, y siendo más grande el living de nuestro departamento, sola sí, pero en un living, cero privacidad. Estar en mi cuarto propio era maravilloso!
No era tan lindo como pensaba, el piso estaba re feo, pusieron un lavarropas en el cuarto de al lado, pero bueno, era mi propio cuarto, podía cerrar la puerta!
46 años más tarde, dormiré con Milos -el gato de mi hija- en una noche de verano, con la puerta abierta y sin radio.
Caramba!
sábado, 20 de septiembre de 2014
Pasar la posta: 14 años de Teatro por la identidad
Anoche, sábado 19 de septiembre de 2014, mientras asistía desde el televisor del living de mi casa a la apertura de una nueva muestra de Teatro por la identidad conducida por los hermanos Korol, esta vez en el fantástico Teatro General San Martín, y aplaudía sola, y lloraba y me alegraba, estaba pensando en esto que escribiría.
Pensé en una "actualización de estado en facebook", pero estoy cada vez más aburrida de facebook, y siento que de ninguna manera puede convertirse en una tribuna desde donde expresar pensamientos, sentimientos, ideas políticas, sí comentar algunas cosas, poner una buena foto y sobre todo que el que sea amigo tuyo sepa a qué atenerse, pero no convertir una página de internet en algo que no es o no debería ser.
Y por eso luego pensé en escribirlo acá, y cuando me puse a buscar fotos para adjuntar, me encontré con unos textos que escribieron alumnos de ETER, y son tan precisos que voy a reescribirlos entre comillas.
Toda esta edición de TxI tiene que ver con "pasar la posta", y esa fue una de las cosas que más emoción me produjo, porque a veces en el diario vivir, una -yo al menos- no tiene en cuenta que a determinada edad ya se está yendo y hay o habría que pasar la posta. Y a veces siento que no estoy haciendo bien mi tarea, que no estoy pasando cabalmente la posta de mis creencias, de los objetivos que tuve en la vida, de mis sentimientos más profundos, de las cosas que intenté hacer y que quedaron inconclusas porque otras quizás más urgentes en su momento se cruzaron en el camino. De que hay que tratar de estar atentos y no dejarse engañar por los "vendedores de promesas" como decía hoy Rubén Banthje, hay que poder detectarlos más fácilmente. Tengo 60 años y no los detecto y compro y compro promesas.
"Rosa
Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, fue la
encargada de inaugurar el nuevo ciclo de Teatro por la Identidad, que
por primera vez va a llevarse a cabo en el Teatro San Martín. Estela de
Carlotto no pudo estar presente pero desde un video recordó que la lucha
continúa porque aún falta encontrar 400 nietos y destacó que si bien
hay muchos que quieren que se vuelva a atrás “el teatro y estos espacios
son los que van a hablar por nosotros”.
El
Teatro por la Identidad comenzó en el 2000. Su primera edición se
realizó en el Centro Cultural Rojas y luego tuvo lugar en el Centro
Cultural Recoleta. Es uno de los brazos artísticos de Abuelas de Plaza
de Mayo. Este año el lema es Pasar la posta. Roisinblit explicó
que surgió de preguntarse: “¿Qué pasará cuando no estemos? ¿Quién
continuará con esto? Queremos sembrar una conciencia de pasar la posta.
Decir ‘tienen que seguirla, pasar la posta’”.
El
ministro de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni también estuvo ahí, fue aplaudido de pie por todo el público presente y por mí desde mi living.
Zaffaroni
manifestó: “La justicia es un carro lento y a veces hay que darle un
empujón. Es lento porque tardó 30 años en funcionar”. Luego, para cerrar
su participación agregó: “La principal falencia es una cultura judicial
y burocrática que hay inserta en la justicia. Quizás si hay que
reformar códigos de procedimientos, pero si se reforman leyes y no
reforman la cultura que se asentó durante muchos años, es muy difícil”.
Estuvo también Víctor Hugo Morales quien también fue aplaudido de pie y dijo: "Los
argentinos aprendimos que el dolor de las Abuelas es nuestro dolor”
También me emocionó particularmente Julia Zenko cantando con sus hijas en una obvia referencia a "pasar la posta" y también los actores y actrices que leyeron con sus hijos, trozos de poesía de Silvio Rodríguez y Armando Tejada Gómez, y Elena Roger cantando la canción de L.A. Spinetta "Barro tal vez" mientras lo bailaba Eleonora Casssano y una artesana iba modelando una pieza de alfarería.
A pasar la posta entonces!
sábado, 13 de septiembre de 2014
Armando Tejada Gómez: Muchacha
Recuérdame esta noche y nómbrame en tu idioma,
amor mío, muchacha, territorio de pájaros,
nómbrame en las ciudades donde trepas los trenes
con la amapola herida de tu vestido diario.
No conozco tu nombre, pequeñito y apenas,
tu mínimo poema de una sola palabra,
pero voy pronunciándote cuando digo esperemos
o cuando me transitas hacia dentro del alma,
porque sé que tus rostros tienen un mismo rostro
y tu sonrisa un aire de pétalo del aire,
conozco, sé tu modo de salvarnos la vida,
vencedora inmutable, con un niño en la sangre.
Yo te he visto muchacha plural, en las ciudades,
gastándote la magia con la prisa del alba.
Las oficinas públicas, públicamente áridas,
la tienda estrepitosa, la planilla a mansalva,
esas fábricas rojas de devorar, el sueldo,
lamentables rutinas de alquilarte hasta el sábado
y tú, tu nuca tibia, trizada luz, flor pálida,
resistes esa estrecha disposición de enanos
apoyada en tus sueños como en una ventana.
Y el moscardón horario zumbándote el absurdo
para matarte adentro la condición de pájaro.
Las ciudades son turbios demagogos, son esas
celestinas anónimas de la moda, sensuales
como una gelatina de sexo pegajoso,
espesas son, a gotas, turbiamente sensuales.
Las ciudades son fríos hoteles transitorios.
Debe ser espantoso morir en las ciudades.
Porque no han hecho nada por amor, tantas cosas,
porque no figurabas en los planos, muchacha.
Y ya has nacido risa, has nacido tumulto,
has nacido de pronto con un golpe de alas.
Y ahora que has venido, que ya estás, que has llegado,
hay que cambiarlo todo, decir amor y amarnos,
clausurar las planillas, postergar las ganancias,
ahora que has llegado con tu fragante risa
qué han de hacer los señores de destino contable...
En horas de oficina, bajará mi poema,
a decirte en la oreja: territorio de pájaros...
Pero sigue guardando flores en la cartera,
la última dulce carta, un poema de Pablo,
sigue guardando signos de combatir el moho,
subversivos panfletos de construir la esperanza.
Muchacha, estrella nuestra, amor en todas partes,
los poetas cantamos para tu pie desnudo,
para tu sangre diaria,
porque somos la vida y esa sonrisa tuya,
nada más que la vida,
la vida y tú,
muchacha...
amor mío, muchacha, territorio de pájaros,
nómbrame en las ciudades donde trepas los trenes
con la amapola herida de tu vestido diario.
No conozco tu nombre, pequeñito y apenas,
tu mínimo poema de una sola palabra,
pero voy pronunciándote cuando digo esperemos
o cuando me transitas hacia dentro del alma,
porque sé que tus rostros tienen un mismo rostro
y tu sonrisa un aire de pétalo del aire,
conozco, sé tu modo de salvarnos la vida,
vencedora inmutable, con un niño en la sangre.
Yo te he visto muchacha plural, en las ciudades,
gastándote la magia con la prisa del alba.
Las oficinas públicas, públicamente áridas,
la tienda estrepitosa, la planilla a mansalva,
esas fábricas rojas de devorar, el sueldo,
lamentables rutinas de alquilarte hasta el sábado
y tú, tu nuca tibia, trizada luz, flor pálida,
resistes esa estrecha disposición de enanos
apoyada en tus sueños como en una ventana.
Y el moscardón horario zumbándote el absurdo
para matarte adentro la condición de pájaro.
Las ciudades son turbios demagogos, son esas
celestinas anónimas de la moda, sensuales
como una gelatina de sexo pegajoso,
espesas son, a gotas, turbiamente sensuales.
Las ciudades son fríos hoteles transitorios.
Debe ser espantoso morir en las ciudades.
Porque no han hecho nada por amor, tantas cosas,
porque no figurabas en los planos, muchacha.
Y ya has nacido risa, has nacido tumulto,
has nacido de pronto con un golpe de alas.
Y ahora que has venido, que ya estás, que has llegado,
hay que cambiarlo todo, decir amor y amarnos,
clausurar las planillas, postergar las ganancias,
ahora que has llegado con tu fragante risa
qué han de hacer los señores de destino contable...
En horas de oficina, bajará mi poema,
a decirte en la oreja: territorio de pájaros...
Pero sigue guardando flores en la cartera,
la última dulce carta, un poema de Pablo,
sigue guardando signos de combatir el moho,
subversivos panfletos de construir la esperanza.
Muchacha, estrella nuestra, amor en todas partes,
los poetas cantamos para tu pie desnudo,
para tu sangre diaria,
porque somos la vida y esa sonrisa tuya,
nada más que la vida,
la vida y tú,
muchacha...
martes, 29 de julio de 2014
RESIGNACIÓN
Castigo
Este año ya no habrá
siega, ni vendimia, ni otra cosecha que no sea la resignación
MANUEL VICENT ― 27 JUL 2014
A media tarde el nublado descarga un furioso pedrisco sobre los
trigales, los viñedos y todos los frutales. Después de esta maldad sale
el sol y los pájaros se ponen a cantar la gloria del Creador. Este año
ya no habrá siega, ni vendimia, ni otra cosecha que no sea la
resignación. El campesino se pasea entre los surcos de su huerto
desolado y eleva la mirada al cielo. Dios lo ha querido, alabado sea.
Puede que el campesino cambie esta jaculatoria por una blasfemia. Da
igual. Son la cara y cruz de una misma y vieja plegaria. El campesino
recuerda que esperó que lloviera en noviembre para que hubiera una buena
sementera. Sembró el trigo, cuidó que germinara, vio con alegría que
los trigales se ondulaban con la brisa de abril, esperó a que cuajaran
las espigas y después de mucho sudor, estando el trigo granado, el cielo
le ha mandado piedras del calibre de huevos de pato y en un cuarto de
hora Dios lo ha segado todo. El campesino también esperaba que aquellos
sarmientos que podó con esmero darían un vino excelente para alegrar
nupcias y fiestas, pero este año el Creador ha tenido el capricho de
beberse todo el vino él solo de un trago. El campesino vio florecer el
azahar de los naranjos, se gastó todos sus ahorros para que cuajara el
fruto. Desde la primavera luchó a brazo partido contra toda clase de
pestes y miserias. Apartando las ramas contemplaba con placer cómo su
trabajo tenía merecida recompensa. Pero esta vez, en pleno verano, el
dios de la naturaleza ha querido comerse todas las naranjas de postre en
una sola sentada. Alabado sea el Señor. Plagas, heladas, sequías,
pedrisco, incendios, inundaciones, castigos que duran tres mil años,
desde que Caín decidió hacerse agricultor. ¿Crisis? Al oír que en la
ciudad se quejan de la crisis el campesino sonríe y calla. Son tres mil
años de resignación.
viernes, 20 de junio de 2014
Como dice Montalbano "Va fan culo"
Jueves 18 de junio de 2014, al
mediodía, en Banco Francés.
Entro y lo veo a la entrada a Juan
Carlos Anes, dueño de Óptica Sur casi en la puerta hablando con un
empleado del Banco, hice un mini intento por saludarlo y no me vió.
No es la primera vez que le pasa eso de
no verme, y siempre le pasa en lugares donde no hay más de tres
personas.
Me quedo esperanndo parada a una
empleada que había llamado varias veces a casa, y de pronto pasa,
para y saluda.
A continuación la conversación
- Cómo te va Cristina, cómo
andás?
- Bien, muy bien, vos?- Bien, decime, no te interesaría trabajar un poco?
- Bueno, yo estoy trabajando un poco
- Dónde? Con Beviglia? (Verónica Beviglia, colega oftalmóloga que trabajó en el Hospital y se fue al mismo tiempo que yo jubilada, ella a trabajar en un consultorio privado)
- No, no, estoy en el consultorio de Andrés Sánchez (ese consultorio está arriba de una óptica, Óptica López)
- Ah, pero él no está...
- Viene cada tanto
- Ah o sea que trabajás para López, hiciste un arreglo con él...
- No, no trabajo para López. Y no hice ningún arreglo con él, a mí me presta el consultorio Sánchez, yo trabajo ahí gratis.
- Sí, claro, conmigo también trabajarías gratis. Y ves muchos pacientes?
- No, veo los que quiero ver
- Pero ves, no boludeemos, vos me derivás a mi las recetas y yo te mando, qué sé yo, 30 pacientes...
- Yo boluda no soy
- Pero Cristina, sos la única que está afuera del sistema, unos mangos de más no te vendrían mal. Todo suma.
- Lo miré sonriendo y le apreté un poco el brazo izquierdo, casi como cariñosamente....y me fui al escritorio donde me esperaba la empleada del Banco.
Me quedaron dando vueltas y vueltas sus
palabras, primero pensé qué caradura! Cómo va a venir así y
decirme tal barbaridad? Después me sentí mal cuando caí en la
cuenta que cuando dijo “no boludeemos” yo dije, yo no soy boluda.
Hubo alguna otra frase que dijo...algo
así “como decíamos en Lutz Ferrando...” pero no me puedo
acordar qué dirían en Lutz Ferrando.
Como sea esta historia no es nueva para
mí, y la verdad es que si soy como dice él la única afuera del
sistema, me hace sentir bien el distinguirme de esta manera.
Va fan culo Juan Carlos diría el
comisario Montalbano, y yo también.Para qué querrá tanta plata?
Parece el hombre rico del Principito
domingo, 4 de mayo de 2014
Querido amigo, querido poeta amigo
Mi querido amigo cantor y poeta de la cordillera me quiso adjuntar un poema de Antonio Preciado que nunca llegó y buscando y buscando encontré otros, inconmensurablemente hermosos y sentidos y sencillos y transcribo este entonces, porque me hizo acordar tanto a mi propia abuela Delia con las diferencias del caso, que no puedo menos que servirme una tisana "Allegra" y pegarlo acá, para que quienes acierten pasar por este blog, o en su defecto lo hagan con frecuencia -y siempre silenciosos porque no hay comentarios- lo disfruten como yo
LA BOCA DE MI ABUELA
Ya dije alguna vez
que ella tenía la boca siempre llena de santos
y ángeles de la guarda;
me hizo falta agregar que también le cabían,
con mucha holgura, todas las cosas del pasado;
las fechas de la vida y de la muerte,
las grandes alegrías,
las peores desgracias,
sus sigilosas mañas
para que las comidas supieran a milagros,
la oración y la pócima
para cada dolama;
su propio calendario
de lunas,
soles,
lluvias
y dolores reumáticos;
su cielo a su manera, que le oía
aquellas mezcolanzas de cantos y tambores
cogidos de las manos con las avemarías
a lo largo de todas las cuentas del rosario,
las lucecitas vivas al fondo de esas frases
echadas a volar
al soplo de su idioma de luciérnagas
(únicas, intransitivas, personales)
en que decía muchísimo
con poquitas palabras;
y, traídos de un siempre
que no se le acababa,
sus canas que decir,
sus prevenciones,
sus normas,
sus presagios.
Además,
no sé cómo, pero tenía dormida
debajo de la lengua
una canción extraña
que me gustaba oír
cuando por obra de un puntual motivo
que supo mantener muy bien guardado,
la canción despertaba,
se le ponía contenta
o tal vez triste,
pero, por la tristeza o la alegría,
cantando, la canción se le salía
a beberse dos tragos de aguardiente
una vez por semana.
Y ella también tenía su sonrisa,
una vieja sonrisa
sin peros,
sin portón,
sin requisitos,
sin tres dientes de abajo,
todo el tiempo la misma,
la misma en que podía
envolver indulgencias y regaños,
la misma de volverse transparente,
la misma de llenar toda la casa,
la misma en que yo siempre me perdía
intentando entender si ella vivía
con el alma en la boca
o la boca en el alma.
de “De boca en boca: Del terruño interior” (2005)
LA BOCA DE MI ABUELA
Ya dije alguna vez
que ella tenía la boca siempre llena de santos
y ángeles de la guarda;
me hizo falta agregar que también le cabían,
con mucha holgura, todas las cosas del pasado;
las fechas de la vida y de la muerte,
las grandes alegrías,
las peores desgracias,
sus sigilosas mañas
para que las comidas supieran a milagros,
la oración y la pócima
para cada dolama;
su propio calendario
de lunas,
soles,
lluvias
y dolores reumáticos;
su cielo a su manera, que le oía
aquellas mezcolanzas de cantos y tambores
cogidos de las manos con las avemarías
a lo largo de todas las cuentas del rosario,
las lucecitas vivas al fondo de esas frases
echadas a volar
al soplo de su idioma de luciérnagas
(únicas, intransitivas, personales)
en que decía muchísimo
con poquitas palabras;
y, traídos de un siempre
que no se le acababa,
sus canas que decir,
sus prevenciones,
sus normas,
sus presagios.
Además,
no sé cómo, pero tenía dormida
debajo de la lengua
una canción extraña
que me gustaba oír
cuando por obra de un puntual motivo
que supo mantener muy bien guardado,
la canción despertaba,
se le ponía contenta
o tal vez triste,
pero, por la tristeza o la alegría,
cantando, la canción se le salía
a beberse dos tragos de aguardiente
una vez por semana.
Y ella también tenía su sonrisa,
una vieja sonrisa
sin peros,
sin portón,
sin requisitos,
sin tres dientes de abajo,
todo el tiempo la misma,
la misma en que podía
envolver indulgencias y regaños,
la misma de volverse transparente,
la misma de llenar toda la casa,
la misma en que yo siempre me perdía
intentando entender si ella vivía
con el alma en la boca
o la boca en el alma.
de “De boca en boca: Del terruño interior” (2005)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
